
En 2003, Paris Hilton, la Barbie millonaria estadounidense, fue acosada y humillada a escala mundial, porque su exnovio decidió publicar un video s3xu4l de ambos sin su consentimiento. Hoy, lleva 23 años siendo víctima de suplantación de identidad, haciéndola protagonista de escenas ficticias p0rn0 que han causado daños en su imagen y vida personal.
Esta celebridad de la cultura pop tiene hoy 45 años y sabe que existen al menos 100 mil imágenes suyas de contenido explícito creadas con Inteligencia Artificial (IA) sin su consentimiento. Por eso, Paris se asoció a la periodista Laura Segall para identificar y denunciar una de las plataformas que más difunde este tipo de contenido s3xu4l, no solo de ella, sino de miles de mujeres.
Hilton está aprovechando sus más de 26 millones de seguidores en Instagram y arriba de 12 en TikTok, para hacer visible el uso de los deepfakes en la violencia digital que experimentan las mujeres en el mundo. El término proviene de la combinación de las palabras en inglés deep learning (aprendizaje profundo) y fake (falso), por lo que podría interpretarse como contenido ultrafalso.

«Ninguna mujer, ni niña debería vivir con el miedo a ser suplantada digitalmente, explotada o agredida por la IA con deepfakes explícitas no consensuales», dijo en su post del 26 de mayo de este año. Junto a congresistas de su país también está impulsando la Ley DEFIANCE, que busca penalizar la creación y difusión de deepfakes p0rn0gr4fico5 sin consentimiento.
En Nicaragua este y otros tipos de violencia digital han sido denunciados públicamente a través de medios de comunicación como La Lupa y Despacho 505, además de investigaciones de activistas feministas que dan seguimiento a la violencia contra las mujeres.
IA y violencia machista
Como mencionamos antes, los deepfakes son contenidos falsos (imagen, video o audio) generados o modificados con inteligencia artificial para suplantar rostros, voces o acciones. Sus usos son amplios, pero en este caso nos referimos a los que generan imágenes s3xuales falsas sin consentimiento, porque el p0rn0 se ha consolidado como el principal territorio para los deepfakes.
Dentro de este mundo, hay especialidades, como quienes hacen deepnudes que son imágenes que alteran la ropa de las personas para simular desnudez. Los datos son escalofriantes, según @derecho_digital, en Telegram más de 95 millones de imágenes fueron generadas para desnudar a mujeres solo en 2024.

Aunque la manipulación de imágenes con fines p0rn0gr4fic0s, extorsión o venganza, no es un fenómeno nuevo, estas cifras asustan. Desde los años 90 existían programas de retoque digital, pero en estos tiempos la IA emplea un tipo de aprendizaje automático que no requiere la intervención de personas para crear estas imágenes.
Por eso hablamos de millones y millones de imágenes falsas de actos s3xu4l3s con rostros de mujeres reales circulando por internet a nivel mundial, creadas por ciberacosadores o por bots (robots informáticos programables).
Hoy están disponibles cientos de aplicaciones gratuitas que pueden superponer rostros o desnudar personas. Y los adolescentes las están usando en contra de sus compañeras de clase, como ha ocurrido en Argentina, México, Perú, Chile y en otras partes del mundo. La investigación realizada por la periodista Segall reveló que la plataforma que difundía material, también capacitaba a las personas interesadas en aprender a crear deepfakes de mujeres sin su consentimiento, según reporta el diario El País.

Imágenes falsas, efectos reales
Esta nueva forma de violencia sexual digital refuerza la cosificación de las mujeres, distorsiona la realidad de personas usuarias sobre las relaciones humanas y amplifica los tentáculos de la violencia digital. Las investigaciones y los testimonios de víctimas de deepkafes señalan que éstas experimentan burlas, acoso, aislamiento, daños en su credibilidad e impactos en su salud mental.
Otros efectos intangibles son la pérdida de autonomía, la sensación de que se ha vulnerado su privacidad e intimidad, problemas de confianza y el efecto de silenciamiento que lleva a estas mujeres a optar por retirarse de la vida (en línea) como estrategia de afrontamiento.
Y es que los deepfakes también están siendo utilizados como armas de la violencia política de género contra mujeres involucradas en partidos políticos, periodistas, defensoras de derechos humanos y activistas de la diversidad sexual. Este troleo de género (una forma de acoso dirigida) busca minar la reputación y credibilidad de estas líderes para sacarlas del espacio público.

¿Qué hacer si alteran nuestras fotos con IA?
En Nicaragua la Ley Especial de Ciberdelitos o Ley 1042 fue aprobada antes del auge de las herramientas de IA, por tanto, no se tipifican como delitos los deepfakes o deepnudes. No existen precedentes judiciales relacionados con la difusión de contenidos manipulados digitalmente, pero sí con la difusión de imágenes íntimas, como fue el caso de la creadora de contenido Salma Flores, uno de los primeros en llegar a tribunales y sentar un precedente, como expone el medio feminista La Lupa.
En cambio, existen sitios web que ayudan a frenar la difusión de imágenes generadas con IA que circulan en internet. Por eso, si nos damos cuenta de que una imagen propia o de una amiga anda por ahí, podemos acceder a plataformas como Detenga la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento (para mayores de 18 años) y Hogar – Take It Down (para menores de 18).
Lo más importante es guardar registro o evidencia de las imágenes, sea como archivo en JPG, PNG o con una captura de pantalla. Idealmente hay que guardar los links o enlaces directos al sitio donde se encuentren las imágenes e identificar las direcciones IP.
Frente a este tipo de violencia también es importante buscar ayuda, no solo sicológica para recuperarnos de semejante estrés y dolor emocional, sino para documentar y denunciar, para exigir que las leyes nos protejan de las nuevas formas de hacernos daño.
Fuentes documentales:
Imágenes falsas, efectos reales. Deepfakes como manifestaciones de la violencia política de género (2024), de Almudena Barrientos-Báez, Teresa Piñeiro-Otero y Denis Porto Renó, (2024). Revista Latina de Comunicación Social, 82, 01-29.
Deepfakes: Qué son, tipos, consejos, riesgos y amenazas – LISA Institute




Comentarios